1917. LA GRAN FAVORITA DE LOS PREMIOS OSCAR, UNA EXPERIENCIA DESCARNADA E INMERSIVA DE LA GUERRA

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Inspirado en los relatos de su abuelo, un ex combatiente en la Primera Guerra Mundial, el director Sam Mendes propone una reconstrucción realista e inmersiva del horror de la guerra de trincheras. Asediados por las bombas y los tiros, los protagonistas avanzan en una carrera contrarreloj en un largo y desesperado plano secuencia que deja al espectador con el corazón en la boca. 1917 promete llevarse varios premios (tal vez los más importantes) en la inminente entrega de los premios Oscar.

Por Antonella del Valle Saavedra @cementoporlan

La guerra. No como gesta heroica ni como hazaña sino como un estado continuo de las cosas, una sucesión infinita de miseria y violencia sin épica, una dilatación del tiempo que no permite distinguir entre espacios, tiempos ni sujetos. Parece ser esta la forma en la cual Sam Mendes (Belleza Americana, 007 Skyfall) concibe a la guerra y por lo tanto opta por un único plano secuencia como recurso principal para su película “1917”.

1917 es la favorita indiscutida de la Academia para ser galardonada en la ceremonia de los Oscars 2020. Está nominada a una decena de premios entre ellos Mejor película y Mejor director. Es la primera de las películas de Mendes escrita por él. El guion además estuvo a cargo de Krysty Wilson-Cairns quien fue guionista de Penny Dreadful, producida por Mendes.

Su interés por participar esta vez en la escritura del guion se debe a que la idea original viene de una historia familiar: su abuelo Alfred, a los 17 años, fue combatiente de la Primera Guerra Mundial y recibió doble condecoración por su labor en el frente de batalla. Sam Mendes creció escuchando las historias de su abuelo sobre la guerra y la premisa de 1917 viene de una anécdota suya.

Blake y Schofield son dos soldados británicos a los cuales se les ha encomendado una misión imposible: notificar a un oficial que un pelotón marcha hacia una emboscada alemana. Para lograrlo deben adentrarse en territorio enemigo y atravesarlo. Tienen un sólo día para hacerlo: si fallan morirán 1600 hombres, entre ellos el hermano de Blake. El auténtico elemento catalizador de la acción es el contrarreloj: la vida del hermano de uno de ellos en sus propias manos y la de sus compañeros.

Mendes ha declarado que prefiere no circunscribir a la película dentro del género bélico, la guerra es el escenario, un personaje más. Hay dos hombres encerrados en un espacio-tiempo que es la guerra. Sólo pueden hablar al respecto y no se da casi nada de información sobre quienes son estos soldados en realidad, cómo eran sus vidas previamente o nada que pueda indicar que existe un “afuera” de este no-lugar.

LA ACADEMIA AMA EL PLANO SECUENCIA
Ni El Arca Rusa (2002) de Aleksandr Sokúrov, ni Rope (La Soga, 1948) de Alfred Hitchcock. La película que despertó el interés de Sam Mendes por llevar adelante una película en un solo plano secuencia fue Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) del director mexicano Alejandro González Iñárritu que también arrasó en la entrega de los Oscar del año 2014 llevándose 4 de 9 nominaciones. Después, Iñárritu repitió la gesta con The revenant (2016) y la dirección de fotografía de ambos proyectos estuvo a cargo de Emmanuel Lubezki.

En numerosas oportunidades Iñárritu declaró que rodar una película en un infinito plano secuencia es el equivalente a “hacer el amor sin condón”. Es que en los planos secuencia no hay cortes, la acción avanza en una coreografía de objetos, personajes y movimientos de cámara por lo tanto cualquier error de parlamento, actuación, movimiento o lo que fuere compromete la totalidad del trabajo ya realizado hasta el momento obligando a reanudar el rodaje.

De todas formas, esa pretendida sensación de que no hay nada bajo control una vez que se grita “¡acción!” no es tal. Se ve respaldada por más de nueve meses de ensayos entre trincheras de cartón tamaño real en estudio entre los cuales Dean-Charles Chapman y George MacKay tuvieron que aprender una coreografía en la que nada se puede dejar librado al azar. Además, los empalmes se realizan de manera digital en la edición. ¿Nada está bajo control?

Como sea, la Academia ama los prodigios técnicos (casi tanto como la corrección política) y 1917 es la favorita número uno para llevárselo todo el próximo 9 de febrero.

Los planos secuencia de Iñárritu están plagados de volteretas circulares en todas las direcciones posibles. En cambio, Mendes pensó que formalmente la dirección de la cámara en 1917 sólo podía avanzar en una dirección: hacia adelante. Porque los dos soldados están inmersos en esta pesadilla de nadar entre cadáveres, sobrevivir a ataques aéreos y atravesar catacumbas pestilentes en un momento durante la guerra: una situación del constante avanzar hacia ninguna parte. De pronto existe un objetivo al cual nuestros héroes deben llegar. Se aferran al mismo durante 119 minutos con uñas y dientes porque al fin tienen algo por lo que luchar y su avance parece tener un destino.

Ver 1917 se parece un poco a estar al interior de un videojuego de supervivencia. Poner una cámara en una posición específica siempre implica decir algo sobre lo que se está narrando: ¿cuál es el punto de vista de 1917? La cámara somos nosotros, el espectador. Mendes quiere que la distancia que existe entre el espectador y la película sea nula, que sea una experiencia completamente inmersiva y lo logra con creces. Mendes quiere (y logra) que el espectador “sienta cada vez que la respiración de Blake y Schofield se detiene” y se sientan igual de atrapados.

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