DÍAS DE GLORIA: CRUCERO EN PRIMERA Y GUARANÍ EN LA B NACIONAL. CUANDO EL FÚTBOL MISIONERO LLEGÓ ALTO

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Fue solamente hace cuatro años, y todavía se mantiene fresco el recuerdo. Entre 2014 y 2015 la provincia logró ingresar con dos de sus equipos (Crucero y Guaraní) en las máximas competiciones nacionales. Pero fue un momento tan exitoso como fugaz: poco tiempo después los equipos regresaron a donde estaban. Aspectos económicos y deportivos (como la financiación de los planteles y la migración constante de jugadores locales) confluyen para explicar el ascenso y la rápida caída de los clubes grandes de la provincia. Un análisis de lo que pasó, pero mirando el porvenir del fútbol misionero.

Por Marcos Magaz @MMagaz

Treinta años. Fue una larga espera de tres décadas el tiempo que tuvo que pasar para que el fútbol misionero finalmente cuente con un representante en la Primera División del fútbol nacional.

A fines de marzo de 1985, Guaraní estaba disputando el campeonato Nacional y enfrentaba a Platense en la primera fase de la ronda de perdedores, después de quedar tercero en su zona detrás de Independiente y Talleres. La serie le fue adversa y, después de empatar sin goles en Villa Sarita, perdió 1-0 en Vicente López y quedó eliminado. Posteriormente, tuvo la posibilidad de disputar las dos primeras ediciones de la B Nacional, pero nunca volvió a jugar en la elite.

Y entonces hubo que esperar hasta el sábado 14 de febrero de 2015 para que un partido oficial de la máxima categoría se jugase con un equipo de nuestra provincia. En aquella ocasión, en un estadio Andrés Guacurarí prácticamente lleno, Crucero del Norte recibió a Tigre. Fue 0-0, pero el “Colectivero” contó con un penal desperdiciado por Diego Torres que podría haber significado un triunfo histórico.

En ese paréntesis de treinta años se desarrollaron campañas destacadas en el ascenso de Guaraní, Tigre de Santo Pipó y Candelaria, pero ninguno consiguió meterse siquiera en la B Nacional. Recién en 2012 Crucero pudo llegar allí (a través de una Promoción contra Brown de Puerto Madryn) y los buenos rendimientos le permitieron lograr el ansiado ascenso a Primera División a finales de 2014. Sin embargo, su campaña en el famoso torneo de treinta equipos fue modesta y apenas pudo ganar 3 partidos. Finalizó último y descendió varias fechas antes.

Y hubo un condimento extra para tener en cuenta. También desde mediados de 2014 y hasta fines de 2015 Guaraní formó parte de la B Nacional, produciéndose así un hecho inédito para la provincia, con dos clubes entre los mejores del país. No obstante, ambos descendieron (la “Franja” cayó al Argentino A) y ese gran momento se diluyó rápidamente.

Ya pasaron casi cinco años desde aquel breve y glorioso momento y, por hora, la expectativa de volver a tener un equipo misionero encumbrado parece lejana. Crucero está actualmente transitando su tercera temporada consecutiva en el Federal A (al que descendió en 2017) y Guaraní se prepara para afrontar el Torneo Regional Amateur (en 2019 llegó a la final y la perdió).

Por lo tanto, surgen algunas preguntas: ¿Habrá otro nuevo período de décadas hasta volver a lo más alto? ¿Qué nos dejó aquel 2015 histórico? ¿Por qué duró tan poco?

En la Bombonera. Crucero del Norte enfrenta a Boca en octubre de 2015. Foto: Gol desde el Vestuario (Fan Page) / Marcos Magaz.

EL FACTOR ECONÓMICO: SOCIOS, SPONSORS, TELEVISACIÓN, ESTADO
Para poder sostener un plantel en Primera División, formado por alrededor de 25 a 30 jugadores profesionales, hoy en día se requieren cerca de 15 a 20 millones de pesos mensuales de base sólo en concepto de salarios, sumado además a lo que haya que pagarle al cuerpo técnico. Incluso hay equipos que tienen contratos en dólares, con lo cual el presupuesto es mucho mayor. A ello hay que agregarle viajes, mantenimiento del estadio, hospedajes, y un largo etcétera.

Entonces, uno de los mayores desafíos reside en poder generar ingresos suficientes para asegurarse, aunque más no sea, un piso fijo de dinero que permita proyectar una participación en tan alto nivel. Y en ese sentido, por ejemplo, se vuelve muy importante contar con una gran masa societaria, con miles de socios y socias abonando mensualmente una cuota, para empezar a tener buenos ingresos.

Cuando Guaraní ascendió a la B Nacional a mediados de 2014, el club lanzó una campaña para asociar a sus hinchas. En ese momento, el club contaba con cerca de cuatro mil afiliados y apuntaba a llegar a diez mil. En un principio dio resultados, producto del entusiasmo del público por ver a su equipo en la segunda división, pero el paso del tiempo y el descenso le jugaron una mala pasada, haciendo que mucha gente volviera a alejarse. Tanto es así que, en 2017, la institución recurrió a la misma estrategia bajo el lema “Volvamos”.

Una situación similar vivió Crucero. Ni siquiera su paso por la Primera División le alcanzó para llegar a los diez mil socios, un número que evidentemente es una meta interesante a la hora de hacer las cuentas. Si esa cantidad de personas pagase puntualmente todos los meses una cuota de, supongamos, $400, entonces el club tendría un ingreso fijo de 4 millones de pesos. Nada mal para empezar.

Pero como eso estuvo lejos de ocurrir, la búsqueda económica pasó por otro lado. Si bien ambos equipos percibían dinero por los derechos de televisación (en ese entonces funcionaba el programa Fútbol Para Todos financiado por el Estado nacional), no era suficiente para afrontar todos los gastos. Así fue como el esponsoreo fue otra de las apuestas fuertes: buscar a casas comerciales que apoyasen los proyectos a partir de publicidad en las camisetas, carteles del estadio, etc. Más allá de eso, tanto Crucero como Guaraní ya contaban con dos grandes fuentes de dinero que venían del sector privado.

Los de Santa Inés están ligados de forma natural con la famosa empresa de colectivos. Gestionado por la familia Koropeski, el club forma parte del paquete de negocios y en ese sentido siempre está presente a la hora de las inversiones. Demás está decir que uno de los mayores gastos, el de los traslados, está siempre cubierto.

Guaraní frente a Aldosivi de Mar del Plata. Foto: Gol desde el Vestuario (Fan Page) / Marcos Magaz.

Guaraní, en cambio, tuvo la experiencia de ser administrado por una gerenciadora desde 2008 hasta finales de 2014. Roberto Enriquez, un importante empresario constructor de la provincia, fue quien encabezó dicho proyecto y, además, se convirtió en Presidente del club cuando en 2015 decidió seguir comandándolo desde las propias estructuras institucionales. Este emprendimiento de negocios en el fútbol (propio de finales de la década del ’90 y comienzos de siglo) también conllevaba ingresos privados para sustentar los gastos permanentes.

Pero más allá de eso, el otro actor primordial a la hora de gestionar recursos es el Estado. Los modelos son diferentes según donde uno se centre, pero generalmente los gobiernos provinciales suelen brindarle un importante apoyo económico a aquellos clubes que se destacan en el ámbito nacional. En algunas ocasiones se trata de políticas públicas y, en otras, simplemente de un acompañamiento temporal.

En el caso misionero, ambos equipos tuvieron cierta ayuda del estado provincial, aunque en Crucero se dio una situación que marcó un quiebre y significó una pérdida de ingresos. Antes del comienzo del campeonato de 2015, el fixture había destinado la visita a la provincia de dos de los equipos denominados “grandes”: River e Independiente. Sin embargo, en una decisión polémica, el club anunció que esos partidos los jugaría de local en la ciudad de Resistencia en el estadio de Sarmiento, que es uno de los mejores de la región y donde podría tener mayores ganancias económicas. La decisión  generó controversias con la gestión provincial, en ese momento encabezada por Maurice Closs, que decidió quitarle el apoyo económico, con todo lo que eso supone.

Crucero del Norte frente a San Martín de San Juan. Foto: Gol desde el Vestuario (Fan Page) / Marcos Magaz.

EL FACTOR DEPORTIVO: ÉXODO DE JUGADORES LOCALES Y FICHAJES EXTERNOS
Dado el roce poco habitual de los clubes locales con equipos de divisiones superiores, se corre el riesgo de perder competitividad a la hora de compartir un campeonato. Esta situación se basa fundamentalmente en diferencias de juego, preparación física, calidad de los planteles, entre otros factores.

Y en esta instancia se destaca otro aspecto de la realidad del fútbol misionero: muchos jóvenes con buena proyección migran constantemente al fútbol de Buenos Aires, Rosario o Córdoba, buscando desarrollar una carrera profesional. Así, resulta muy difícil que los clubes locales puedan trabajar en un proceso de crecimiento y formación de jugadores que, llegado el caso, estén preparados para el alto rendimiento.

En la Bombonera. Crucero del Norte enfrenta a Boca en octubre de 2015. Foto: Gol desde el Vestuario (Fan Page) / Marcos Magaz.

Sin embargo, esto genera muchas veces una idea muy difundida sobre la importación de jugadores de otras ligas, de que “para poder competir tenés que traer jugadores de afuera”, lo que además obliga a un mayor presupuesto (porque, por ejemplo, hay que asegurarle una vivienda a cada uno). Un concepto que, a la luz de los resultados, se podría discutir, porque Crucero y Guaraní recurrieron a muchos jugadores provenientes de otras provincias en la última década y, si bien es cierto que algunos ayudaron a dar el salto de calidad, en otros casos mostraron niveles discretos.

Cuando el “Colectivero” jugó en Primera,  fueron 13 los jugadores oriundos de Misiones que se pusieron su camiseta, aunque muchos de ellos cuando el equipo ya estaba prácticamente descendido. El que más partidos disputó fue el arquero Horacio Ramírez, con 23, pese a que había arrancado el torneo siendo suplente. Pero del resto, nueve apenas jugaron 5 encuentros como mucho. Y como dijimos, la campaña fue pobre: de 30 enfrentamientos, el equipo perdió 22.

El caso de Guaraní es mucho más notorio, pues en su año y medio en la B Nacional contó en el plantel con apenas 8 jugadores misioneros. Los que más participaciones tuvieron fueron dos delanteros, Jorge Piñero Da Silva (34 partidos) y Pablo Ostrowski (31) y un defensor, Elián Kopp (32).

Pero, además, hubo por ejemplo dos contrataciones caras y rutilantes que no reflejaron la expectativa dentro del campo de juego. Leandro Benítez, campeón de la Copa Libertadores con Estudiantes, jugó 15 partidos con rendimiento irregular y dejó el equipo unas fechas antes de la finalización del torneo. Y Luciano Leguizamón, ex delantero de River y campeón con Arsenal, marcó solo 6 goles en 28 partidos y además falló un penal muy recordado en el último minuto contra Patronato en Villa Sarita, que le hubiera dado un triunfo vital en la lucha por la permanencia.

Lo cierto es que en el fútbol («dinámica de lo impensado», decía Dante Panzeri) es difícil predecir lo que va a suceder. Un plantel mayormente local no asegura buen rendimiento, pero tampoco uno compuesto prácticamente por jugadores de otros lugares. Y en todo caso, sí supondría un menor presupuesto y fortalecería el sentido identitario con el público, que en todos estos años siempre se mostró más afín a los jóvenes formados aquí e incluso en los momentos difíciles, los alentaban como producto de esa empatía.

VOLVEREMOS, ¿VOLVEREMOS?
La experiencia fue histórica, y ojalá no haya sido la última. Hubo momentos muy gratos para el fútbol misionero como el pasaje de Guaraní por la Copa Argentina 2015 donde eliminó a Arsenal y Argentinos, para enfrentarse a Boca en San Juan, a donde se movilizó una gran cantidad de gente desde Posadas. O el ascenso de Crucero, la presencia misionera nuevamente en Primera División, su paso por estadios icónicos como el “Cilindro” de Racing, “La Bombonera”, el “Nuevo Gasómetro” de San Lorenzo o el José Amalfitani de Vélez.

Pero también fue efímero. Y quedó un sinsabor en el mundo futbolero de la provincia, que pocas veces tuvo la chance de codearse con los mejores.

Sin dudas son muchos los factores que entran en juego a la hora de poder proyectar mayor competitividad y permanencia: es complejo llegar y, más aún, mantenerse. En todo caso, y pensando en el futuro, esperemos que la experiencia sirva de aprendizaje para próximas aventuras.

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